Ayer cuando me desperté nada hacía presagiar lo que me esperaba. Hacía un tiempo suave para estas fechas, con 6 grados de temperatura y el sol que luchaba por hacerse camino entre las habituales nubes invernales. Ni rastro de niebla que pudiera perturbar el despegue del vuelo RR1382 con destino Zaragoza.
Salí de casa a las 8:50 para ir al aeropuerto de Charleroi y llegué sobre las 9:20. Después de registrar la maleta me dirigí al control de seguridad. Nunca había visto tanta gente en ese aeropuerto, pero no es nada en comparación con el aeropuerto de Barcelona o el de Bruselas. Al pasar la mochila por el escáner el guardia de seguridad le dice a otro guardia que mire dentro. El otro guardia mira minuciosamente todos los compartimentos y me deja pasar sin encontrar nada. Acostumbrado a viajar yo no llevo nunca nada puntiagudo ni líquidos. Al mirar el móvil que había dejado en la mochila veo que tenía una llamada perdida. El móvil en vibración seguramente habría salido borroso en el monitor.
La llamada es de mi jefe, que me ha dejado un mensaje en el contestador. Hay un problema en la aplicación y hay que lanzar otro build. Bueno, nada grave. Llamo a mi colega boliviano para informarme del problema y quedamos en que me enviará los cambios en la aplicación para que haga un nuevo build al llegar a Zaragoza. Con la magia de las conexiones a distancia no me iba a llevar más de 15 minutos hacerlo.
Me instalo en la fila para embarcar pero se va acercando la hora indicada en el billete y no hay ni rastro del avión. Al cabo de un rato, ya pasada la hora de embarque, anuncian en el monitor que la salida está prevista para las 14:00 en vez de las 10:35. Genial. Un rato después por megafonía anuncian que el avión que venía de Venecia no ha podido salir por el mal tiempo. Voy a preguntar a la sala de espera 8 a las azafatas de tierra (también de Ryanair como mi vuelo) si puedo salir del aeropuerto para ir hasta el trabajo y solucionar el pequeño problemilla. La azafata va a contestarme pero se me acerca otra con cara de ogro y me dice que ellas están para otro vuelo y que espere en la sala 5 al equipo que va a llegar en unos minutos. De vuelta a la sala 5 llegan estas mismas azafatas para informarnos a todos los pasajeros de lo ocurrido y distribuir una hoja con los derechos en caso de retraso o anulación del vuelo. Pregunto otra vez si puedo salir a otra azafata y me dice que sí. Me dirijo al control donde me dicen que salga por la zona de llegadas, en llegadas me dicen que vaya otra vez a la sala 5, y ahí me vuelven a decir que esperan confirmación antes de dejarnos salir. Unos minutos más tarde puedo al fin salir del aeropuerto.
Llego al trabajo sobre las 11:00para sorpresa de todos que me creían en esos momentos en algun lugar a 10.000 pies sobre Francia. Mi compañero me explica que mi jefe está en crisis nerviosa maldiciendo y peleándose con todo el mundo. Que somos todos una panda de payasos y que ha contratado a un circo. Cuando le veo sin embargo es todo sonrisas. Sólo me agradece que me haya molestado en venir y me dice medio en broma que esta mañana habría hecho vudú conmigo porque se pensaba que empezaba las vacaciones hoy y no ayer (yo también tengo alguna idea de lo que le habría hecho). Hago el nuevo instalable de la aplicación con la versión que corrige los bugs y dejo todo preparado para que alguno de mis colegas pueda hacerlo en mi lugar en el caso de que haya algún otro problema.
Son las doce cuando llego otra vez a Charleroi Sud y los monitores indican las 14:20 como nueva hora de salida. Yo ya me temo lo peor, como lo que me pasó en Semana Santa al volver de Zaragoza, donde un par de horas de retraso se convirtieron en seis. Así que me fui a comer un bocadillo, antes de volver a pasar el control de seguridad, por 4.50€ con el pan viejo que parecía una zapatilla.
Al salir del control me paso por la tienda (sí, sólo hay una) Duty Free y cojo una caja de bombones metálica de Neuhaus, inventor de los pralines, con imágenes de Tintín para regalársela a mi padre por su cumpleaños. Al pagar en la caja siempre preguntan por la destinación para aplicar o no impuestos en función de la destinación de viaje. El chico me dice que en su ordenador el vuelo le parece como cerrado y yo le digo que sólo tiene retraso. La vendedora de al lado bromea diciendo que nunca despegará. Yo le habría estrangulado pero en cambio le dedico una sonrisa para reirle la gracia.
De vuelta a la sala de espera 5 el monitor muestra como nueva hora de salida las 15:30 así que me armo de paciencia y me siento para leer La Historiadora. A las tres vemos el avión llegar y la gente aplaude como si España hubiera marcado el gol decisivo de la final de la Eurocopa. Ya dentro del avión y listos para despegar nos habla el piloto con su voz de “soy piloto, soy guay y hablo cinco idiomas” que en realidad casi no se le entiende en ninguno, pero logro captar que a causa de la niebla en el aeropuerto de Zaragoza el avión va a ser desviado a Reus. Lo que faltaba.
Paso el tiempo leyendo las últimas paginas del libro.. que vaya final cutre, después de 800 páginas de descripciones interminables se ventila el final más soso imaginable en apenas 10 páginas. Antes de llegar nos confirman el desvío a Reus y nos dicen que pondrán un par de autobuses a nuestra disposición para llevarnos hasta Zaragoza.
Una vez en Reus tuve suerte de que mi maleta salió entre las primeras para poder subir en el primer autobús, donde conseguí una de las últimas plazas casi al fondo del todo. Me senté detrás de una techie que parecía salida de una película de James Bond, con su móvil 3G, su MacBook y la Nintendo DS. El viaje se me pasó bastante rápido, seguramente al no poder ver los carteles de la autopista entre la oscuridad y la niebla.
Llegamos al aeropuerto de Zaragoza sobre las nueve y no había un alma.. y por supuesto ningún taxi tampoco. Al parecer ha estado cerrado toda la semana por la niebla. Al acercarme a la parada del autobús veo un cartel que dice que el último sale a las 21:35, por suerte aún pude subir en el último que me dejó en la Puerta del Carmen. Desde allí andando hasta casa porque al ser Nochebuena no había autobús urbano ni ccasi taxis. Finalmente llegué a eso de las diez donde me esperaba la cena de Navidad.
Está decidido, nunca más vuelvo a viajar en invierno.